lunes, 1 de octubre de 2012

Diario de Kang el kobold. Semana 4



Kobolds y draconianos
Llevamos un mes en esta ciudad maldita y sus alrededores. Afortunadamente somos guiados por nuestra gran madre Shaladrak y nuestro padre Skaladrak  quienes nos han enseñado el camino de gloria que tendremos con nuestros hermanos lagartos de Lustria. Tanto ellos como nosotros sabemos el valor de la piedra bruja. Esa que ha pervertido a tantos de nuestros padres que nos llena nuestra fría sangre de venganza. Nosotros somos el verdadero orgullo de los padres celestiales de la lengua bífida. Somos la verdadera y correcta forja de la piedra verde en una estirpe orgullosa de Kobolds, Draconianos y dragones que junto con los hermanos eslizones, croxigors  y saurios de más allá de los mares recuperaremos la gloria milenaria de los primeros nacidos.
Es triste lo que el humano hace con la piedra sagrada pero es peor lo que hace el caos con ella.
Kang
Eso lo comprobamos hace un par de días. Cruzábamos por una de esas decadentes calles repletas de asesinos, no muertos y skavens asomados por sus cloacas. Veníamos de enfrentarnos a esos insensatos enanos. No entienden que la piedra sagrada nos fue regalada a nosotros y enviaron a sus matadores contra nuestro líder. Creímos que había muerto bajo las hachas enanas pero Roylerak es un draconiano fuerte y ahora no teme a nada ni a nadie. El volvió más altivo y poderoso que nunca.
Hasta llegar a aquella calle.
Roylerak Nuestro campeon
Andabamos tranquilos y bien escoltados por nuestro gran Roylerak, el sacerdote Jimerak y el poderoso dragon Maxadrak cuando cruzando el puente de aquella calle vimos a esa horda de hombres bestia.
Estábamos cansados de huir, de ser humillados, desde aquel encuentro con los furtivos elfos no habíamos reclamado la victoria para nuestro dios Shotek y la madre Shaladrak. No íbamos a rendirnos esta vez. Nuestra sangre es fría y no debemos conocer el miedo.
Ese abominable hombre bestia
Fue entonces cuando cruzamos el puente que aquella bestia mitad corcel mitad bestia cornuda se abalanzo contra Maxadrak junto con dos bestias bípedas con cuernos y hachas. Encontraron su destino, el poderoso dragón con su inmensa alabarda del grueso de un tronco los ensarto sin misericordia devolviéndolos al abismo.
Rugimos todos embriagados de gloria y nos lanzamos a reclamar una ofrenda de sangre para nuestros dioses. No todo iba a ser tan fácil.
Maxadrak y los hombres bestia en una calle de esas.
Esas bestias cornudas se llenaron de rabia asesina, contra atacaron a nuestros lideres draconianos hendiendo sus hachas locos de venganza en nuestros hermanos, los arqueros desesperados disparaban flechas que rebotaban en los escudos del caos y eran acechados por lobos rabiosos. Todo empeoro cuando un ladino hombre bestia más pequeño que todos subió por la espalda del poderoso dragón y lo golpeo con un garrote en la nuca. Nuestro poderoso Maxadrak caía junto con nuestros bravos héroes en esa calle.
Los hombres bestia y nosotros estábamos sin nuestros lideres. Lo único que hicimos (y yo sé que ellos también) fue vengar sus muertes. Hasta el último draconico peleamos.
Buscando piedra sagrada
Las flechas volaban y las armas golpeaban a diestra y siniestra. El puente se lleno de sangre y tanto amigos como enemigos caían derrotados hasta aquel momento en que los pocos sobrevivientes de los hombres bestia fueron llamados a huir por su sacerdote.  El caos corrió en retirada humillado por nosotros los arqueros y un par de kobolds que somos orgullosos de infundir temor por primera vez en los corazones de los esbirros del caos.
Pero a que precio.
Cuando el polvo de la batalla se disipo, lo único que encontramos fue un paisaje lleno de sangre. La orden era cruzar y continuar fuertes. Si alguno de ellos sobrevivía tendría que alcanzarnos en nuestro próximo campamento pues debía demostrar que es un guerrero digno de la estirpe de los dragones.
Y así fue. Todos nuestros líderes y hasta el gran Maxadrak llegaron al campamento. Roylerak llego con una terrible herida en el pecho pero más fiero que nunca. Rugimos de orgullo al estar todos vivos y listos por recuperar la piedra sagrada de la estirpe primigenia del mundo.
Pero aquellas bestias del caos muy seguramente se recuperaron también. Dicen los que se levantaron del campo de batalla no vieron casi a los enemigos. Solo un cuerpo de hombre  bestia yacía inerte en la calle y seguramente darían cuenta de él las ratas y sus amos.
No podemos bajar la guardia.

Mi banda de dragones, kobolds y draconianos las juego con reglas de hombres lagarto mientras no tenga listas reglas experimentales.

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